Reseñas:

Acerca de Soñario y Dos nouvelles

Sueños e historias kafkianas de Mempo Giardinelli
Por Carlos Roberto Morán
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Mempo Giardinelli (Resistencia, Chaco, 1947) es un prolífico autor argentino quien, a través de la ficción o el ensayo está gestando una valiosa obra que tuviera inicio en los años de exilio que debió vivir en México, durante la dictadura militar argentina.
        El autor de “Luna caliente” ha vuelto ahora a la narrativa con dos libros: “Soñario” y “Dos nouvelles”, luego de haber incursionado en otros espacios, especialmente en aquellos vinculados a la educación en nuestro país (“Volver a leer” ha sido un libro que ha tenido gran circulación entre los docentes y en general en la comunidad educativa argentina).
        A nuestro juicio “Soñario” significa un gran paso para Giardinelli, libro que ubicamos entre lo mejor de su ficción. Se trata de un trabajo en el que nos “cuenta” sus sueños, aunque en realidad resulta una summa de pequeños (por su brevedad) y más que atractivos relatos.
        En cuanto a las “Dos nouvelles” allí se reúnen su fundamental novela corta “Cuestiones interiores” (2003) y un relato largo, “Los perros no tienen la culpa”, publicado por primera vez en 1987. El haberlos reeditado en un solo libro no resulta un acto gratuito.
        Respecto de “Soñario” cuenta Giardinelli en una entrevista que comenzó a escribir sus sueños treinta años atrás. “Creía entonces que podían servirme para los personajes de mis ficciones y así fue en muchos casos pero lo que no sabía era que iban a devenir en un género narrativo en sí mismo”, le comenta al periodista argentino Augusto Munaro.

Al azar. Cortos y eficaces, muchas veces poéticos, resultan los sueños de Giardinelli quien propone, como lo hiciera Cortázar con “La vuelta al día en ochenta mundos” y en “Último round”, que a su libro se lo lea como al lector “le venga en gana, abriéndolo al azar en cualquier página, cerrándolo de igual modo, sin orden ni lógica; como sucede en los sueños”.
        Cerca de 150 breves y eficaces textos aguardan al lector quien a poco “andar” se verá recompensado al enfrentarse con un relato como éste: “Sueño que en un sueño me encuentro ante una luz enceguecedora que me da de lleno en los ojos. No puedo ver nada, no distingo lo que hay del otro lado. Pero sé que hay alguien. “¿Dónde estoy –pregunto angustiado- ¿Quién está ahí?”; “Adivine”-, me responde una voz fría y superior” (Alguien del otro lado).
        O este otro: “Cuando el silencio vence a la noche y en el hospital hasta lo mínimo deja de moverse, y el goteo de un grifo en el baño se torna perceptible, me invade el sueño. Es un instante en el que el tiempo parece detenerse, como si los gozos, o las posibilidades del goce, se extinguieran por completo y para siempre y uno supiera, como el condenado a muerte de Truman Capote, que no habrá esperanzas en el nuevo día”. (En el silencio de la noche).
        En la mayoría de los casos los textos de “Soñario” son más extensos, pero difícilmente excedan las dos páginas y en muchos de ellos Giardinelli habilita que atisbemos sesgadamente algo de su vida aunque, claro está, no estamos ante una autobiografía sino que esos aportes particulares, por llamarlos de alguna manera, son como certificados de que por sus sueños ha pasado la experiencia personal.
        Al respecto la periodista argentina Mora Cordeu le preguntó si no se sentía “vulnerable” por abrirle el inconsciente a sus lectores, a lo que el chaqueño contestó: “No siento ni tengo por qué sentir ninguna vulnerabilidad. Yo soy un escritor de literatura y para ello utilizo todos los estímulos que me son funcionales. El niño que está en algunos textos, como la voz de un padre, o algunas geografías, no son mis “confesiones” ni mis “desnudeces” ni mis viajes de la vida real, aunque puede haber relaciones y de hecho las hay.
        Son textos, poemáticos, narrativos, con estructuras experimentales, pero literatura. Lo que es mío personal yo lo veo con mi analista. No soy tan pretencioso, impúdico ni ególatra como para pensar que mi vida es interesante para los que me leen. Yo quiero que lean literatura, no que pierdan tiempo intentando leer mi vida”.
        Tal la propuesta de “Soñario”, una suerte de “biblioteca” donde convive toda clase de sueños, desde los kafkianos a los eróticos, desde los frustrados a aquéllos que de una u otra manera han satisfecho sino su vida al menos sus deseos.
        Muchos amigos de Mempo son tomados como “testigos” de sus pasajes oníricos que transcurren en distintas partes del mundo pero que en todos los casos se desarrollan en un territorio casi fantasmal donde, como bien se sabe que ocurre en los sueños, todo es posible.

Las dos nouvelles. Dijimos kafkianos. Tiene sentido la referencia, porque en varios textos de “Soñario” no hay salida para quien relata, como tampoco lo hay para los personajes centrales de “Cuestiones interiores” y “Los perros no tienen la culpa”.
        Este último está narrado por un viejo sastre judío que solitario, mirando “deslizarse el Paraná” dando las espaldas a una ciudad “que tanto amó” discurre su vida y de cómo en ella tuvieron incidencia particular tres perros, Gina, Kepele y Gardel.
        En el comienzo del relato, el narrador dice que odia a los perros cuando en realidad los ha amado y en cambio han sido los seres humanos quienes, por diversas circunstancias, lo separaron cruelmente de esos fieles animales. Y también de todo cuanto le importó.
        Quien narra se siente ajeno a los humanos (“Mi condición humana fue la responsable de mis desaciertos, de mi insatisfacción. La condición humana es el límite mismo de la felicidad”, llega a afirmar) y en cambio acepta que hubiera querido nacer perro porque quizás de esa manera pudiera tener buenos amigos.
        Queda en fin el desenlace de esta historia sobre la que no corresponde hablar porque ella supone el “misterio” del relato, su verdadero justificativo.
        Claustrofóbica y sin salida es también la vida de Juan quien, en súbito impulso y de un solo golpe, asesina a un desconocido, un anciano, en un mingitorio público.
        Lo que sigue en “Cuestiones interiores” es el “proceso” que le aguarda, la incomprensión de su abogado presuntamente defensor y del juez que lo juzga, su prisión y sus deseos de expresarse que, por cierto, ninguno de los que lo escuchan, supuestamente, interpretan.
        En esta novela corta Giardinelli a través de Juan nos habla de una sociedad desencontrada, de la imposibilidad del amor, del conocer y comprender al otro, de la soledad citadina. O, mejor aún, contemporánea.
        En última instancia Juan resulta casi una metáfora de un mundo en descomposición, que no encuentra su eje referencial. Kafka otra vez, por supuesto.
        Y no creo que haya sido otra la intención del escritor sino la de entregarnos el relato de los desconcertantes comienzos de este siglo tal como si nos lo hubiera contado un cierto hombrecito de Praga.•


Críticas y notas publicadas a propósito de SOÑARIO:

Diario La Nación - Suplemento AND Cultura
Buenos Aires
Historias rescatadas del mundo de los sueños
Por Jorge Urien Berri
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Diario Página/12
Buenos Aires
“El sueño es perplejidad”
Por Silvina Friera
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Diario Ámbito Financiero
Buenos Aires
“La vida onírica es una de las fuentes de la literatura”
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Adelanto en Diario Clarín
Buenos Aires
Ficciones oníricas. El lenguaje de la siesta
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Diario El Litoral
Santa Fe
Por María Luisa Miretti
Los artefactos literarios (entrevista) Link Aquí
La fragua de la escritura (crítica) Link Aquí

Diario La Voz del Interior
Córdoba
“Narrar un sueño es como desactivar una bomba”
Por Mora Cordeu
Link 1 Link 2

Diario La Gaceta de Tucumán
Las ofrendas del inconsciente como materia narrativa
Por María Eugenia Bestani
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Diario El Liberal
Santiago del Estero
Un tesoro de imaginación y fantasía
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Diario Los Andes
Mendoza
Diario de un cazador de sueños
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Diario Rio Negro On Line
Los sueños de Giardinelli, fundidos con letras
Por Mora Cordeu
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Bookcrossing Review
Comentarios de lectores
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Diario La Jornada de Jalisco
Guadalajara, México
Imaginación, sueños, viajes y lecturas, la base para la creación literaria: Giardinelli
Por Ricardo Solís
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Moleskine Literario (Blog)
Lima, Perú
Sueños de Giardinelli
Por Iván Thays
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El Avisador, de Tacuarembó (Uruguay) - 20 de agosto de 2008.
Soñar, soñar
Por Augusto Munaro
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Mirador de Libros | Revista El Vecino l 25.Marzo.2009
SOÑARIO de Mempo Giardinelli
Por María Angélica Scotti

Tal como lo sugiere el título (creación lingüística del autor al modo de “poemario”, “calendario”, etc.), se trata de una recopilación o muestrario de sueños que, igual que un volumen de poemas, puede ser leído en cualquier orden, al azar, como un auténtico libro de cabecera. Aúna un centenar de sueños personales de Giardinelli y unos pocos sueños ajenos (de amigos o figuras del pasado), lo que nos permite asomarnos al mundo interior más recoleto del escritor-soñante: sus miedos o angustias, sus obsesiones, recuerdos o imágenes recurrentes, hasta ciertas debilidades “vergonzantes”, casi como si se desnudara ante el lector. El sueño (una porción importantísima e ineludible de nuestra vida) es un asunto medular y profundamente inquietante. Si bien desde antiguo ha sido abordado y plasmado (además, Freud lo estudió minuciosamente y Borges le concedió un lugar preponderante en sus obras), mantiene intacto su misterio, generando más preguntas que certezas. Incluso consigue hacer tambalear nuestro criterio de realidad: leyendo este “soñario” llegamos a pensar que algunos sueños parecen ficción o invención del autor antes que sueños “verdaderos” o “reales”, como si el sueño fuese la realidad y, en cambio, la imaginación resultara un engaño o fraude. Precisamente Borges -el escritor más citado en el libro- llama a los sueños “dones de la noche” y los contrapone a sus “ficciones deliberadas”. En “Soñario”, los textos más logrados y creíbles como sueños son los que presentan elementos y personajes palpables o concretos, o bien los que apelan a la emoción o crean atmósferas, y no aquellos que configuran construcciones intelectuales o ingeniosas. Se destacan, por ejemplo, los que evocan a los padres (como los bellísimos “Monte sin luz”, “Horas” y “Valentino en el Bar España”) o que involucran a otros seres cercanos (a las hijas, en “Simetrías” y “Para que no te mueras”, o al hijo inexistente en “Chiqui”), o los que giran alrededor de la muerte y de muertos conocidos (“Reflejos dorados en el río”, “Números”), o los conmovedores “Viento y arrullo” y “Última caricia”, o los muy visuales o marcadamente narrativos (“Sueño de un genovés”, “Panteón”, “Sueño con el tigre”, “Betty en mi corazón” y muchos otros). Una característica de los sueños es remontarnos a nuestra condición primera, a una especie de estado virginal o inocente, como un niño. En los sueños no somos héroes ni adultos poderosamente racionales sino más bien criaturas desamparadas, acosadas por miedos y por la incertidumbre del no saber, y a menudo expuestas al ridículo (por hallarnos descalzos o desnudos). Abundan en “Soñario” las referencias autobiográficas: el exilio padecido por el autor durante la dictadura militar, sus múltiples viajes, las asiduas relaciones (amistosas o amorosas) con mujeres y, sobre todo, la omnipresencia de la literatura. La mayoría de los textos están impregnados de ella (lecturas, citas, amigos escritores, congresos …). Sin duda, el escritor neto no puede ni en sueños sustraerse a esa condición o universo. El libro ofrece una amplia variedad de motivos y registros, y puede decirse que crece en interés y hallazgos literarios a medida que avanza, como un adentrarse paso a paso en el penumbroso túnel de los sueños. *

El Diario de Nordelta - 14 de agosto de 2008.
Algo para leer
Texto: Damián Serviddio

Soñario

Los sueños son la principal fuente de la literatura y el escritor chaqueño Mempo Giardinelli compiló los suyos en forma de cuentos. Si bien el nivel argumental fluctúa abruptamente entre un relato y otro, es innegable que el resultado final bien merece la lectura de la obra completa.
        Pesadillas de inconexas situaciones que bordean el absurdo, como por ejemplo la desaparición de los huevos de la gastronomía mundial, dotan al relato en general de una cualidad irreal, fantasiosa y descabellada que hace alusión a esos momentos de adormecimiento, en los que el límite entre la realidad y lo ficticio parece evaporarse.
        Algo muy presente en "Soñario" (Editorial Gedisa, $36) es la figura paterna, como si aquella muerte prematura lo hubiera dejado marcado a fuego de modo tal que el dolor le sigue punzando hasta sus días adultos, más de veinte años después.
        Un sólo punto negativo vale la pena destacar: la abundancia de citas a grandes clásicos de la literatura universal se siente por momentos forzada.
        Se vislumbra que no es la intención principal del autor demostrar(nos) su amplia cultura del ámbito de la pluma y la palabra, pero el lector experimentará reiteradamente esa sensación de necesitar un breve curso de letras para comprender simples fantasías.
        "En este libro hay muchos sueños. Aclaro que fueron dones de la noche o, más precisamente, del alba, no ficciones deliberadas". Esta frase de Jorge Luís Borges, utilizada el comienzo de la antología, resume a la perfección el alma onírica de la obra. •


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