Reseñas:

Diario La Nación
Suplemento Cultura
Domingo 8 de febrero de 2004

Torbellino de sentimientos
Por Antonio Requeni

VISITAS DESPUES DE HORA - Por Mempo Giardinelli-(Ediciones B)-300 páginas-($ 20)

Todos los personajes giran alrededor de uno central que permanece postrado en una cama de hospital, en coma, desde la primera hasta la última página de la novela. El moribundo ha sido un hombre atractivo, seductor, mujeriego, egoísta y mezquino. Tuvo esposa y cuatro hijas: Flora, Raquel, Guadalupe y Mariquita. Tuvo, además, muchas amantes. Conoció durante tres años la indignidad de la cárcel por un delito económico. Su esposa lo abandonó por otro hombre y al año volvió al hogar para, finalmente, divorciarse en forma definitiva. Pero antes, el matrimonio y sus hijas tuvieron que exiliarse en México durante los años de plomo; allá falleció en un accidente la pequeña Mariquita, muerte que dejó en el alma de su padre una herida nunca cicatrizada. Al cabo del tiempo, éste regresó a Buenos Aires con Flora, la hija mayor. Su ex mujer, en pareja con un empresario yanqui, se trasladó a Nueva York, donde vive con las otras dos hijas.
Mientras tubos, cables y el goteo del suero conectan con el mundo lo que aún queda de su vida, el cuerpo inmóvil, inconsciente, es mudo destinatario de los monólogos de Flora, que pasa los días junto a la cama, desahogando su amor y su dolor por ese hombre al que debe la existencia. Cuando cada noche deja el hospital y vuelve a su casa, revisa allí los papeles del padre, sus apuntes y su correspondencia, para tratar de descifrar su vida.
El texto de Visitas después de hora está armado con la transcripción de los soliloquios de Flora, las cartas de las amantes y otras cartas y diarios de la esposa y las hijas que, desde los Estados Unidos, están al tanto de la evolución de la enfermedad por las llamadas telefónicas de la hija mayor. Cada testimonio revela que los miembros de la familia han convivido sin llegar a conocerse o comprenderse unos a otros. Afloran las rencillas familiares, los recuerdos dolorosos, los ocultos rencores, las secretas vergüenzas, las miserias impronunciables, así como una confusión de sentimientos que van de la idealización al reproche, de la acritud a la ternura.
En la trama aparecen entreveradas situaciones y anécdotas de cada uno de los personajes; la inestabilidad emocional de la madre, los celos entre Raquel, la única que trabaja, y Guadalupe, bulímica y perezosa, dos hermanas que se detestan, así como los vínculos conflictivos de todas ellas con el padre ahora agonizante.
Quienes hayan seguido la trayectoria literaria de Giardinelli advertirán en esta novela una faceta que, si bien estaba presente en libros anteriores, alcanza aquí particular relieve: su capacidad para el análisis psicológico. El despliegue introspectivo de los personajes, matizado con historias secundarias y relatos de sueños, podría ser un festín para un psicoanalista. El autor se introduce en la piel y la conciencia de cada una de esas mujeres y su voz asume la peculiar personalidad de cada una de ellas, inclusive su habla coloquial, plagada de expresiones y muletillas mexicanas, ya que las hermanas se criaron en la capital de México, que Giardinelli --quien también estuvo radicado allí muchos años-- califica de "ciudad violenta", tanto como aquella Buenos Aires caótica, con olor a muerte, de la que él y sus personajes se vieron obligados a exiliarse.
Este inquietante recorrido por las vidas y los laberintos psicológicos de un grupo de mujeres marcadas por distintas experiencias, siempre en relación con el mismo hombre, está transmitido con gran vivacidad y verosimilitud. Todos son seres vivos en sus reacciones y sus sentimientos, así como es veraz y verosímil el lenguaje que los narra, su entonación y su sostenida intensidad. Mempo Giardinelli, autor elogiado por Juan Rulfo y merecedor en 1993 del prestigioso premio Rómulo Gallegos con la novela Santo Oficio de la Memoria, se presenta aquí como un agudo observador de la naturaleza femenina y como un escritor, además, que no parece describir criaturas humanas sino crearlas, que es a lo que aspira toda buena novela. Como ésta.•


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