Reseñas:

Diario La Nación
Suplemento Cultura. Bibliografía
Domingo 27 de abril de 2003

Memoria de la cárcel
Por María Rosa Lojo

CUESTIONES INTERIORES Por Mempo Giardinelli-(Sudamericana)-154 páginas-($ 17)

Cuestiones Interiores se organiza como un intenso collage sobre el eje de una conciencia fragmentada y torturada: la de Juan, sometido a juicio por haber causado la muerte de un desconocido en el baño de un aeropuerto. Juan -como el extranjero de Camus- no halla explicación racional para el impulso que lo ha llevado al crimen. Sin embargo, en la confusa trama de memorias que se teje, imperceptible, en la intimidad de la celda, o en la intimidad de sus pensamientos, mientras se enfrenta al tribunal, se va descifrando el itinerario de una larga historia de violencia social y familiar. Otras cárceles vividas (las del terrorismo de Estado), otras desdichas (el suicidio de su madre), otra clase de culpas (la pasión por la mujer de su hermano Tomás y el odio a Tomás) se mezclan con episodios incomprensibles o absurdos, con sueños frustrados, con exilios, separaciones y desgarramientos.
Juan, de algún modo imagen de muchos otros argentinos de mediana edad, no halla sentido ni futuro para su vida personal o para la vida de la nación a la que pertenece. El final del relato reconduce a su comienzo: Juan se dispone a hacer -ante un Juez en quien no cree, pero que puede condenarlo- "una exposición completa". La exposición prometida, ¿es el mismo relato que acabamos de terminar? ¿O hay otra revelación de la cual nosotros, los lectores, nunca nos enteraremos? Este final desconcertante, que tiene el mérito de no ser previsible, de no caer en las convenciones del policial ni en las de la novela psicológica, remite, por otra parte, a la oscuridad aneja a la condición humana, y al incierto destino de un país.
La oscuridad -o más bien una luz sucia y mortecina como la de la lamparita que ilustra la tapa del libro-, el ahogo, el encierro, la corrupción de la materia y de la esperanza dan el tono de la novela, traspasada por la derrota, el miedo, la tristeza, pero también por una rebeldía que estalla en el momento y el lugar equivocados, que se descarga al azar, sobre cualquiera. Si el cuerpo social está juzgando a Juan, él, incesantemente, juzga los modelos, los tópicos, las conductas de esa comunidad a la que representa como victimario y como víctima. Uno de esos tópicos es la concepción de la masculinidad. No es casual que el personaje de Valentino (cuya biografía lee Juan en la cárcel) aparezca de continuo como objeto de proyección y de reflexión.
Valentino, falso gaucho que baila falsos tangos, exhibe una masculinidad ambigua, impostada, tanto como esa Argentina "for export" que él encarnó para el cine. El miedo a la homosexualidad que acecha en las figuras esquemáticas y prototípicas del varón argentino (y, desde ellas, en la coacción y la violencia represiva) se devela en este ícono fascinante de un pasado virtual, evocado desde las sombras.
Juan, preso en la cárcel del presente, ya no puede huir hacia atrás ni hacia delante. Cuenta únicamente consigo mismo, abandonado por todos, expuesto a la arbitrariedad de una justicia indigna y a la negligencia de un abogado que no desea defenderlo. Cualquier similitud con la Argentina actual seguramente no es pura coincidencia... Nada lo es en este texto apretado, pródigo en reverberaciones y asociaciones, donde el autor de Luna caliente muestra una vez más su capacidad de conmoción y apelación, desde el más crudo lenguaje coloquial hasta los matices reflexivos e introspectivos.•


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